Siempre creo que las cosas pueden ir a más, me emociono y se me va la cabeza. Me convierto en un perrito que busca rehacerse de todas sus desgracias con cariño ajeno creyendo que ese sentimiento puede ser amor en algún momento.
La suerte nunca está de mi lado, nunca se corresponde lo que siento. Estoy hasta los cojones de tropezar y tropezar mil veces. Estoy cansada de no encontrar a nadie que me quiera entre sus brazos, que quiera estar a mi lado y quererme. No creo que pida demasiado pero quizá nunca he sabido jugar mis cartas...
No sé conformarme con unos instantes a oscuras en los que perder la razón. Siempre creo que las cosas pueden ir a mayores, siempre albergo esa esperanza pero nunca paso de ahí.
Soy capitán de agua dulce que no sabe surcar las aguas del bravo océano sin estamparse contra icebergs que le dañan el corazón del navío. Soy navegante sin rumbo, sin destino al no haber hallado por ningún lugar nada que me retenga a pesar de las ansias y el empeño que he dispuesto en la hazaña.
Estoy perdida sin rumbo en un mar de personas que sólo piensan en si mismas. Por mucho que me esfuerce en mantener las composturas, en enseñar mi mejor cara, todo empieza a desvanacerse y se me viene encima. ¿Qué hago ante ello? Huir, esconderme en otras cosas y así, todo se amontona...



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