Después me diste esperanzas, me dejaste creer que habría un nuevo comienzo por no decirme la verdad que aún me es desconocida. Al mismo tiempo, me carcomían los errores que creía haber cometido en nuestra relación, seguía pensado en qué parte del fracaso me correspondía. Me pasé todo el verano ausente. Me dediqué a fustigarme con el recuerdo de lo más verdadero que he tenido nunca, repasando mentalmente cada momento que compartimos.
En todo este tiempo no te has interesado en saber cómo estaba y la desesperación por verte me llevó a la estación donde todo se había acabado. Me dijiste que podríamos ser amigos. Sabía que eso me destrozaría, que nunca desaparecerían mis sentimientos si seguía teniéndote en mi vida. Cuando llegó el momento volviste a ser cobarde. Quisiste evitar la situación por todos los medios.
Si, tengo claro que me diste tus razones escuetas y bien meditadas aquel día en el que aparecí en tu casa con unas lágrimas que no se disiparon hasta días después y un dolor que aun sigue presente. Ahora me planteo si esas razones eran las verdaderas y veo que tú has sabido pasar página muy rapidito.Eso me explica muchas cosas y hace que me sienta ridícula. Has hecho que dude totalmente de ti cuando creía que eras el hombre perfecto y de lo que teníamos cuando me creía estar viviendo un cuento de hadas sin final .



No hay comentarios:
Publicar un comentario