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Mario mira su reloj contanstemente. Cinco y un minuto. Cinco y dos minutos. Cinco y tres... ¡Qué toto ha sido creyendo que tendría una oportunidad!
Y entonces el timbre suena. Melodía celestial.Nunca jamás se alegró tanto de oír ese estúpido sonido metñalico. El chico se asoma a la ventana. Es ella. ¡Qué guapa está! Lleva un suéter gris y un pantalón vaquero azul. El pelo suelto. Está preciosa.
Baja, intentando serenarse en cada escalón. Un hormigueo muy intenso le invade por dentro. ¡Qué nervios! No se puede creer que Paula esté ahí.
Final de la escalera.Cruza el pequeño pasillo. Temblando, llega a la puerta. Se santigua y abre.
Se quiere morir. No, no es el momento para morirse. Está en el cielo. Ella estña enfrente de él, con una gran sonrisa, con los ojos iluminados. No oye lo que le dice. ¿Qué más da lo que hablen? Ahora es incapaz de pensar en nada. Está ahí: Paula, el amor de su vida, en su casa, entrando por la puerta. Le da dos besos. Él coloca la mejilla, no se atreve a poner sus labios en su cara. "No hay nadie como tú,mi amor" suena con fuerza. No, no hay nadie como ella. Como Paula, su Paula. Querida Paula. La ama y está ahí, subiendo a su habitación. Gasta alguna que otra broma. Un comentario, ¿qué ha dicho? Da lo mismo, se ríe. Ella también se ríe. Qué bien. Comparten risas. Está feliz. Muy feliz. La vida por fín le regala ese momento especial. Su sueño.
¡Dios, está preciosa! La ama.
Le dice que se siente donde ella quiera. Paula mira a un lado y a otro, y le pregunta que si puede ser en la cama. Mario traga saliva. Claro, por qué no.
Estira un poco las mantas para que estén completamente lisas y ella, sonriendo, se sienta.
Él aparta un poco la silla del escritorio y ocupa su lugar. Empieza la clase de Mates.
No sabe si podrá concentrarse en números y letras que bailan sin ton ni son en sus cuadernos. ¿A quién le importa el examen del viernes? Quizá a ella, por eso ha venido. Tiene que contenerse y concentrarse. ¿Por qué sus ojos buscan sus labios? ¿Por qué no puede dejar de mirar su boca?
Lo sabe. Sabe que lo que más desea en el mundo es besarla, una beso que le transportaría a la felicidad plena. Pero eso es imposible. ¿O no?
Ahora Mario se levanta de su silla. Ella le pide que se acerque para explicarle por qué aquel número va allí y por qué aquella línea termina en aquel punto.Él intenta explicarlo, pero no es demasiado convincente. En realidad, no sabe lo que está diciendo.
Sin querer, se ha sentado también en la cama, junto a ella, muy juntos, pegados.
"No hay nadie como tú. No hay nadie como tú, mi amor".
Paula lo mira. no comprende nada de lo que le está contando, tal vez porque lo que Mario le está contando no tiene ningún sentido.
Sus cuerpos se rozan. Sus caras están cada vez más cerca. La música más alta.
Quiere besarla. Tiene que saber muy bien. Una chica como aquella, como su Paula, debe de ser como el mejor fruto que uno puede degustar. No cree que exista nada más dulce. ¿Qué hace? Su corazón le pido que la bese: " Bésala, Mario. Bésala".
Ella no habla. Ahora solo lo observa, y sus ojos se encuentran. Por fin: las miradas, el juego de miradas del que tanto hablan. Es una señal.
Sonríe. ¿Es otra señal?
Sí, a lo mejor es la señal que buscaba. La definitiva. ¿Cómo puede saberlo si nunca ha besado a nadie? Es el momento, la ocasión. El cielo le espera.
Ve cómo ella cierra los ojos. Ahora.
Mario cierra los ojos. Inclina su cuello hacia la derecha. espera el contacto de sus labios. Oye su nombre. ¿Por qué lo llama? Sacude su hombro. ¿Es esto un beso?
No, no sientela humedad de su boca. Vuelve a oír que lo llaman. Ahora el zarandeo es mucho mayor. "¿Qué le pasa?", piensa Mario. Abre los ojos. Es Miriam.
-¿Pero tú sabes la hor que es?
Mario mira el reloj.
"¡Joder, las siete!". Se ha quedado dormido.De un salto se incorpora de la cama maldiciéndolo todo.
-Mierda
-Paula te ha estado llamando al móvil unas cuantas veces y no se lo has cogido.
Mario coge el móvil. diez llamadas perdidas hundido, sale de la habitación, entra en el cuarto de baño y, con los ojos hinchados, llora amargamente delante del espejo.



Si escribiste este relato, es un buen augurio. Sigue escribiendo, pues. El camino de la literatura es largo, pero estás en el camino, ya lo transitas.
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